sábado, 1 de julio de 2017

Juegos Adolescentes

***Algunas de las ideas de este relato, han sido tomadas de autores y caricaturistas del mundo spanko como Dave Mire , Malahide, Jack Cawford, y lurking dragon entre otros. los personajes y las historias, sin embargo son completamente originales, mis reconcimiento y adminración para los autores que inspiraron este relato***

*** Este  relato es una obra de ficción, realizada como fantasía e incluye nalgadas a una adolescente, en ninguna forma condona ni promueve el castigo físico a menores de edad, ni la violencia intrafamiliar. Si no es de su agrado o se siente ofendido por este tipo de contenidos, por favor no continúe leyendo***

Sandra Ramírez era una de las chicas mas lindas del noveno grado, rubia, de ojos azules, piel ligeramente canela un cuerpo delgado y esbelto muy desarrollado para sus 16 años, tonificado y dueña, según decían sus compañeros (y algunas compañeras con abierta envidia) del mejor trasero de su clase y uno de los mejores del colegio.

Sandra adoraba los libros, las películas, salir a bailar, pero sobretodo, adoraba poner nerviosos a los chicos.

Ella se había dado cuenta desde hace algún tiempo (unos dos años que en la adolescencia cuentan como si fueran 20), que algunas actitudes posiciones y formas de hablar, hacían que muchos chicos se sonrojaran y empezaran a tartamudear o a bajar la mirada sin saber donde esconderse.

Esto le divertía muchísimo y le daba una sensación de control que nunca antes había tenido, por eso procuraba causar tanto desconcierto en ellos como podía y los chicos que mas le gustaban eran, claro, los que más fácilmente se dejaban descontrolar.

Uno de ellos era especialmente lindo. Samuel era un chico compañero de clase, tímido de ojos marrones y cabello negro, que llevaba unos lentes que le lucían muy bien, era el mejor en matemáticas y casi no lograba ni sostenerle bien la mirada, últimamente ella había empezado a tener pensamientos sobre él, que hacían que quisiera estar a solas en su compañía.

Así que un buen día, decidió ver si podía lograr quedarse con él a solas, pero, siendo como era él de tímido, sería necesario buscar una buena excusa para lograr quedarse con él y divertirse viéndolo retorcerse con sus avances.

Finalmente se le ocurrió que la excusa perfecta era pedirle que le ayudara con matemáticas, de esa forma podía aprovechar el tiempo antes de que sus papás llegaran a casa y divertirse con él.

Cuando se le acercó y se sentó a su lado, el pobre chico de inmediato empezó a sonrojarse. -hola samy- de dijo en su voz más dulce e inocente.

Al chico empezaron a temblarle ligeramente las manos sin saber a donde mirar, más cuando ella "casualmente" dejo subir un poco la falda del uniforme sobre su pierna

-Quería saber si podrías ayudarme con algo- le dijo mientras trataba de verle a los ojos y él esquivaba su mirada.

-Cla..claro ejem..- dijo el chico cada vez mas sorprendido. -¿co..como puedo ayudarte?-

-Es que necesito alguien que me explique bien matemáticas- empezó ella, no me está yendo muy bien (lo que era cierto) -y no quiero reprobarla.-

Samuel se sintió un poco más tranquilo al estar en un terreno que sentía más familiar -¿cuando quieres que te ayude?- dijo recuperando finalmente su voz

-¿Podría ser esta tarde? ¿en mi casa? - dijo ella con su mirada mas inocente mientras le ponía la mano sobre la rodilla a Samuel

En ese momento, pareció que al él iba a darle un infarto de lo rojo que se puso, el corazón le latía a toda velocidad y parecía que no podía respirar, una de las chicas más lindas del colegio, sin duda la mas linda del salón lo invitaba a su casa y !!!!además le tocaba la pierna!!!!

Samuel hizo todo lo posible por mantener la calma, pero su voz volvió a traicionarlo -s...si cla...claro no hay pro...problema nos vemos allá-

-Si quieres podemos ir juntos- le dijo ella sin retirar la mano de la rodilla y riéndose por dentro al ver las reacciones del chico. -no es muy lejos, te busco a la salida- dijo y completó dándole un beso en la mejilla, que hizo que el chico por poco se desmayara.

A la hora de salida, fiel a su promesa, Sandra fue hasta Samuel para que la acompañara a casa. Al parecer todo el mundo se había enterado o por lo menos la mayoría de los chicos, algunos de los cuales miraban a Samuel con franca hostilidad y otros le hacían señas de buena suerte y de felicitación.

Al parecer los otros chicos lo habían tranquilizado un poco o le habían dado ánimos, pues Samuel se veía un poco más tranquilo, y podía caminar a su lado sin tropezar.

Mientras se dirigían a casa, Sandra empezó a hablarle y, aunque al comienzo él no contestaba más que con monosílabos, poco a poco fue tomando confianza y comenzaron a hablar de cosas del colegio y de sus compañeros.

Al llegar a casa, Sandra decidió que era hora de subirle un poco la temperatura al juego y se quitó el saco del uniforme - ¿que calor no crees? - dijo mientras se sacaba la blusa de dentro de la falda y la anudaba justo por debajo de su busto como había visto en algunas fotos de internet. Luego soltó los primeros dos botones de la blusa dejando a la vista un poco de escote, que si bien no era enorme era bastante llamativo para su edad.

Esto tuvo el efecto que esperaba en Samuel pues al chico le fallaron las piernas y tropezó dando con su maleta (y la de ella que caballerosamente se había ofrecido a cargar) en el suelo de un solo golpe.

Ella rápidamente se acercó a ver si estaba bien y al agacharse para ayudarlo mas de su escote de lo que ella pretendía quedó a la vista de Samuel, que debido a eso casi no es capaz de volver a ponerse en pie.

Finalmente lograron levantarse y él, completamente aturdido, pregunto, donde iban a trabajar. -puede ser en mi habitación si quieres- le dijo ella provocativamente pero al ver lo pálido que empezaba a ponerse y pensando que se iba a desmayar, corrigió - o en el comedor si lo prefieres- esto le devolvió un poco la calma a Samuel  -si será mejor en el comedor - respondió.

Ella fue a dejar las cosas en la habitación, mientras él se sentaba en el comedor y comenzaba a organizar todo para estudiar.

Mientras estaba arriba, no pudo evitar reírse, (con cuidado de que Samuel no la oyera) pensando que fácil era divertirse con los chicos y como podía manipularlos siempre que quisiera, sobre todo chicos tan lindos y tímidos como Samuel.

-Antes de empezar- le dijo al regresar al comedor -quiero que me prometas que vas a ayudarme a estudiar y a pasar la materia, tienes que ser muy buen profe, porque yo soy muy desjuiciada - dijo guiñándole un ojo de manera coqueta

-Te lo prometo- dijo Samuel mientras pasaba saliva al ver el gesto de ella, -Además yo creo que si vas a  hacer algo hay que hacerlo bien- dijo él mientras, con mucha seriedad (o la que puede tener un chico de esa edad) le alcanzaba un block de notas para empezar a escribir. -vamos a empezar por las bases del álgebra te parece? - dijo él - si profe-, le dijo ella con picardía mientras se acercaba a él

30 minutos después, ella pensaba que todo había salido mal, pero no sabía en donde, pues estaba recibiendo una clase de álgebra de verdad, cuando Samuel se puso en plan de profesor, parecía que se lo tomó con más seriedad de la que ella esperaba. Lo peor de todo era que ella de hecho estaba entendiendo cosas, al parecer el tenía talento para explicar.

Aunque ella a veces se inclinaba o le acercaba la mano a la rodilla como antes, él parecía tan concentrado en su tema que no reaccionaba igual.

-Es por eso que si le sumas el cuadrado del primer número, más dos veces el producto de ambos...- estaba diciendo en ese momento Samuel - ¿no te gustaría tomar algo?- dijo ella interrumpiéndolo a media frase y levantándose de la mesa.

-Este..bueno, gracias -dijo él volviendo a la realidad - pero debemos terminar este tema

-Sí sí, ya vengo- dijo ella, mientras iba a la cocina, no sólo para conseguir las bebidas, sino para pensar como podía volver a controlar la situación. y entonces se le ocurrió. Se enrolló la falda en la cintura varios centímetros de manera que le quedaba bastante mas arriba de la mitad del muslo, para ver si así recuperaba un poco de control de la situación; De inmediato volvió al comedor.

-Olvidé los vasos - dijo mientras le daba la espalda y se agachaba deliberadamente a recoger unos vasos del estante más bajo, dejando ver todas sus piernas y buena parte de sus calzoncitos rosa.

Samuel se atragantó con su propia saliva y tuvo un acceso de tos tan fuerte que Sandra pensó que se ahogaría y tuvo que golpearle un poco la espalda para que él volviera respirar. cuando se calmó estaba muy rojo, aunque era difícil decir si era por el acceso de tos o por el espectáculo que acababa de contemplar.

-Tranquilo Samy - dijo ella, voy a traer las bebidas ahora sí, mientras salía disparada con los vasos a la cocina y sintiéndose muy satisfecha con ella misma.

Al regresar con las bebidas, Samuel aún estaba bastante descompuesto, y ella se sentó de nuevo a su lado, sin embargo a los 10 minutos, él había retomado su papel y ella de nuevo sentía que esto no funcionaba, así que , de nuevo en media frase, ella le interrumpió - ¿sabes? eso es como el día en que Carolina estaba con el novio y ....- y comenzó a hablar y hablar do otras cosas mientras el pobre Samuel trataba de interrumpirla, hasta que finalmente  el le dijo -por favor!!! ya basta!!! me pediste que te ayudara a estudiar, y eso intento hacer, yo siempre cumplo mis promesas!!- Su tono la sorprendió y la molestó, sin embargo, vio esto como una nueva oportunidad.

-¿Ah si? y ¿que piensa hacer mi profe al respecto?- le dijo mientras se daba vuelta en la silla, dándole una buena vista de su muslo.

-¿Qu..que quieres decir?- dijo Samuel pasando saliva, mientras recobraba el color rojo de su rostro.

-Pues es muy sencillo, si tu crees que estoy siendo una alumna desjuiciada, ¿no vas a castigarme?- le contestó mientras se acerba a a él seductoramente y lo veía pasar saliva poniéndose aun más colorado.

-Eh.. este....- el chico no sabía que decir en ese momento, nunca había estado en esa situación y se sentía mas nervioso de que lo nunca había estado

-Si no me castigas no creo que vaya a poder concentrarme, aunque bien pensado, tampoco creo que tengas las agallas para controlarme- le dijo súbitamente dándole la espalda

-Yo.. este...- en ese momento algo pasó dentro de Samuel y sintió su orgullo herido por lo cual le contestó - por supuesto que las tengo!!-

-¿Ah si?- dijo ella desafiante -pues vas atener que demostrarlo profe - lo tomó de la mano y lo llevó hasta el sofá empujándolo para que se sentara. luego se inclinó frente a él dándole una buena vista de su escote, ¿y se puede saber como me vas a corregir?

El sentía como empezaban a fallarle los nervios, así que le dijo -voy a darte unas buenas nalgadas- medio esperando que ella se retractara y se fuera o que se enfureciera y lo sacara de allí.

Sin embargo la reacción de ella fue completamente diferente a lo que él esperaba.

-¿En serio profe?- le dijo con una media sonrisa -¿me vas a pegar en mi colita?- con esto se acostó encima de las rodillas de Samuel, boca abajo asegurándose de quedar bien en el centro de sus piernas con las nalguitas bien levantadas para él

Él tragó saliva al ver a esta chica tan hermosa en esa posición y esperando a ver si él era o no capaz de cumplir con su amenaza (cosa que ya no estaba tan seguro de poder hacer como hace un minuto)

-No creo que te atrevas profe - dijo ella muy segura de sí misma - además no puedes pegar tan duro como papá ...lo hacia!... como papá lo hacía! - terminó escondiendo un poco el rostro para que no la viera sonrojarse.

Una vez más  Samuel se sintió desafiado, y algo dentro de él cambiaba por momentos, de manera que levanto la mano y la estrelló contra las nalguitas que tenía dispuestas frente a él

A Sandra la sorprendió que lo hubiera hecho, pero al ver que no usaba fuerza, solo sacudió un poco la cola como para estimularlo a que siguiera.

Luego de 5 o 6 palmadas tentativas, Sandra decidió jugar un poco más con él - si esto es todo lo que tienes profe, no creo que vaya a servir de mucho, además -dijo levantándose la faldita por detrás, -¿no fuiste tu el que dijo que de hacer algo hay que hacerlo bien?-

Samuel sentía el corazón desbocado, sobre todo ahora que tenía ante sí los calzoncitos rosa de la chica  y a ella no parecía importarle lo que él hacía. Y entonces sucedió.

La revelación legó a él como un balde de agua fría, de repente se dio cuenta de que, desde el principio, todo esto había sido un juego de ella para ponerlo a él en una situación comprometida, que sólo estaba tratando de ver hasta donde podía mangonearlo.

Una enorme indignación se apoderó de él, y notó cuenta que estaba en la posición ideal, para hacerle pagar por tratarlo como si fuera una cosa, un juguete con el que podía divertirse.

Sandra repentinamente sintió como Samuel le ajustaba la mano izquierda para sostenerle la cintura y de entonces llegó una fuerte palmada en su nalga derecha con la que no había contado

Plasssssssss

-Owwwww- fue lo único que acertó a decir, antes de que una lluvia de palmadas similares empezaran a caer en sus nalgas sin pausa, cada una igual o más fuerte que la anterior

Plassss plassss plasss plassssss plassssssss

-Owww nooooo sammy, ayyy oye  nooo dueleeeeee-

-Pues es para que seas juiciosa, ¿no dijiste que necesitabas un castigo?  contestó Samuel de manera un tanto sarcástica - como profe mi obligación es corregirte ¿cierto?-

Plasss plasss plasss plassssss plassss

-Ayyy ouch auuuuuuuu, pero no era para tantoooooooo auuu ayyyyy owwww-

- Pues yo creo que sí y creo que es para mucho más - PLASSSS PLASSS PLASSS PLASSSSS PLASSSS

-AYYYYYY NOOOO AUUUU AYAYAYYYYY- decía Sandra mientras pataleaba bien ajustada encima de las piernas del chico que había creído incapaz de cumplir con su amenaza

- ¿aprendiste la lección?- le dijo Samuel mientras detenía las nalgadas

Sandra se sentía furiosa por las nalgadas, sorprendida por la reacción de él y en el fondo un poco excitada por estar bajo su control y de alguna parte entre todo ese torbellino de emociones escuchó su propia voz diciendo

- Vete al demonio!!-

Samuel estaba ya demasiado furioso y demasiado envuelto en la emoción como para detenerse allí, así que simplemente se dejó llevar

- Pues veremos si puedo acabar de enseñártela - y con esto, antes de poder detenerse a sí mismo o pensar lo que iba a hacer, le bajo los calzones dejando el ya enrojecido trasero de la chica completamente al descubierto

Sandra sintió la bajada de su calzones y un escalofrío le recorrió por la espalda, a pesar de todos sus avances con los chicos y lo coqueta que era, nunca ningún chico la había visto desnuda, ni siquiera su cola y ahora Samuel no sólo lo hacía sino que se la veía totalmente enrojecida. La vergüenza, la ansiedad y la excitación se descontrolaron en su interior, con una nueva emoción que se apoderó de las demás. el miedo.

-Noo por favor!!- fue lo único que atinó a decir, en lugar de intentar levantarse o tratar de detenerlo, sólo pensó en pedirle que no siguiera el castigo

-Tu te lo buscaste- fue la respuesta de Samuel que de inmediato reemprendió la lluvia de palmadas sobre el trasero de la chica que se ponia más y más rojo con cada segundo que pasaba.

Sandra pataleaba, se sacudía, suplicaba y lloraba. mientras las palmadas caían inmisericordes en todo su trasero con fuerza, dejando una sensación de quemadura a cada contacto.

-PERDOOONNNNNN - fue finalmente su grito de súplica y, casi de inmediato Samuel se detuvo.

-¿Perdón porque señorita?- le preguntó Samuel

-Perdón por portarme mal contigo en la explicación y no ser juiciosa -

Plassss - ¿porqué más?

-Auuuuuuu- Ella no sabía que contestar así que optó por la verdad -por jugar contigo y hacerte avergonzar-

-Creo que ahora si nos entendemos- dijo soltándola

Ella saltó de inmediato de sus piernas y comenzó a sobarse la cola mientras se paraba en la punta de los pies aún llorando.

Al verla allí llorando y sobándose la cola, Samuel cayó en cuenta de lo que había hecho y empezó a ponerse pálido la pensar en todas las posibles consecuencias para él si ella decidía contarle a alguien lo que había pasado.

Así que se levantó como pudo del sillón y comenzó a irse

- ¿A donde vas? - escuchó que ella le preguntaba

- A casa - fue su respuesta -supongo que ya no quieres saber más de mi ¿cierto?

-¿y porque diablos crees que no? - le respondió Sandra

Entonces se acercó a donde estaba él parado, le rodeó el cuello con los brazos y le dio un profundo y apasionado beso en la boca.

Sin entender porqué, ella se sentía atraída hacia él ahora más que nunca, sentía la necesidad de estar en sus brazos, de sentir su calor cerca de ella.

Samuel (que nunca había besado a una chica antes) respondió al beso lo mejor que pudo, con toda la pasión desbordada que un adolescente puede sentir en tales circunstancias.

Cuando se separaron del beso, un tanto jadeantes, él le dijo, -¿eso quiere decir que quieres que sea tu tutor?-

-claro que no!!- contestó ella. Pero al ver su cara de decepción completó su pensamiento -Que tal mi novio?-


miércoles, 7 de junio de 2017

La Solución Corporal - Andrea

*** Este  relato es una obra de ficción, realizada como fantasía e incluye nalgadas a adolescentes y niños, en ninguna forma condona ni promueve el castigo físico a menores de edad, ni la violencia intrafamiliar. Si no es de su agrado o se siente ofendido por este tipo de contenidos, por favor no continúe leyendo*** 

***Algunas de las ideas de este relato, han sido tomadas de autores y caricaturistas del mundo spanko como Dave Mire , Malahide, Jack Cawford, y lurking dragon entre otros. los personajes y las historias, sin embargo son completamente originales, mi reconocimiento y admiración para los autores que inspiraron este relato***

Andrea a sus 19 años, se sentía bastante segura de que sus temporadas en falda de azotes habían terminado. 

Por un lado, hacía más de dos años, cuando su papa murió, que mama no le daba un paliza, además desde que tenía como 14 ella no había actualizado las faldas de azotes a su talla, con lo cual era seguro que había decidido no usar más esos castigos.

Desde luego, aún se encontraba en el rango de edad, y siempre cabía la posibilidad de que la sacara desnuda, sin embargo, ella pensaba que de querer hacerlo, había tenido razones de sobre hasta ahora. En resumen, sabía que sus nalgas estaban seguras.

Tal vez por eso ella se atrevía a tentar el destino, desafiando los deseos de su madre, tal vez era porque sentía que era demasiado grande para esos castigos, de hecho a veces se decía a sí misma que mama no los usaba porque ya ella no reaccionaría a un castigo de niña pequeña. 

Tal vez era por su amiga Paola que sostenía que aún en la peor de las palizas nunca habían logrado doblegarla y que ella siempre se salía con la suya.

Claro que ella nunca había visto que le dieran un paliza a Paola, pero seguramente las ocultaba bien.

O tal vez era simplemente porque estaba enamorada.

El problema era, justamente, que ella nunca lograba escoger novios que fueran del agrado de su mama. Aparentemente ella era imposible de complacer y el hecho de que ellos consumieran drogas alguna vez o que tuvieran ocasionales encuentros con la policía, era sólo una prueba de lo prejuiciosa que su mama era.

Su novio actual cumplía con todas esas características y algunas más, pues además de tener sus ocasionales encuentros con la policía (o no tan ocasionales) y una que otra aventura de drogas, estaba fuera del rango de edad (por apenas un año), lo cual hacía que se burlara de las chicas y chicos que aún estaban sometidos a los castigos y aprovechara para, cada vez que veía la oportunidad,  dispensar algunos.

Incluso en alguna oportunidad llegó a amenazar, en broma (o eso esperaba ella), a Andrea con darle unas cuantas nalgadas si no le hacía caso.

A pesar de ello, hasta ahora Andrea había logrado mantenerlo controlado, y no había incursionado ella misma en las drogas ni había accedido a sus requerimientos sexuales, más por tener como manipularlo que por otra razón.

Ese día, ella había quedado de encontrarse con él en un parque justo en frente de un centro comercial para personas dentro del rango, para pasar una tarde de pereza el uno junto al otro.

El hecho de que le hubiera dicho a su mamá que iba a buscar datos acerca de las universidades donde estudiaría (había terminado el colegio hacía un par de meses), y de que estuviera usando un atuendo que su mamá específicamente había prohibido (unos jeans ajustados como segunda piel, y una camisa que dejaba al descubierto su cintura y con un profundo escote), no la preocupaban demasiado.

Andrea era trigueña, con unos grandes ojos cafés, de una estatura  promedio, un poco menos que la de su mamá, llevaba el cabello negro a la altura del hombro, con las puntas de varios colores. Tenía una cintura delgada y una cadera amplia, lo que le daba un cuerpo envidiado por muchas amigas, con un busto más bien pequeño que armonizaba bien con su cuerpo.    

Al llegar al parque y mientras esperaba, vio a varios chicos y chicas entrar al centro comercial acompañados sus padres, en faldas y shorts de azotes, en plena marcha de la vergüenza, incluso una chica rubia de unos 15 años, desnuda, caminando mientras un hombre la "animaba" con un grueso cepillo de pelo. Andrea pensó en lo ridículos que se veían todos y en lo bueno de estar, finalmente fuera de peligro.

Apenas su novio llegó, se enzarzaron en un profundo beso apasionado, largo, durante el cual, él le apretó el trasero y ella metió su mano por detrás de los pantalones de él dando un espectáculo bastante vulgar que varias personas encontraron bastante desagradable al pasar.  

Estaban allí entretenidos el uno con el otro cuando de repente se escuchó un grito:

- Andrea!! ¿Qué significa esto?

Ella dio la vuelta asustada para encontrar a su mamá con los brazos cruzados y la ira reflejada en su mirada.

- Mamá! qué... ¿Qué estás haciendo aquí? 

- Eso es lo que le estoy preguntando jovencita!!! ¿qué está haciendo en plena calle, vestida así y dando semejante espectáculo tan desagradable?

Andrea no la había visto tan furiosa desde hace muchos años e instintivamente sus nalgas se apretaron debajo de sus jeans, como si con eso se protegieran de lo que pudiera venir. Sin embargo, ella, tenía que intentar evitar que la avergonzara frente a su novio.

- Mamá! me estas avergonzando!! Además, demostrar el afecto no tiene nada de vergonzoso y ya estoy grande como para tomar mis decisiones, vete para la casa y allá hablamos.

En menos de un segundo, su mamá se había acercado, la había tomado del brazo, y le estaba dando una palmada PLAFFFFF.

Andrea reaccionó quitándose del alcance de su mamá y cubriéndose la cola

- Ayyyyyyy, mamá que te pasa!!!! ¿Qué crees que estás haciendo?

- lo que debería haber hecho hace mucho tiempo!!! -y comenzó a acercarse para agarrar la otra vez

- nooo, ya estoy grande para eso, no te voy a dejar que me pegues!!! - decía Andrea mientras retrocedía.

En ese momento un oficial de policía se acercó, - ¿hay algún problema señora? -

Andrea se puso pálida al verlo, porque al acercarse venía sosteniendo una correa de unos 50 Cm de largo y 10 de ancho, de cuero con agujeros de un centímetro espaciados por la superficie y adherida a un mango, que, como todos los policías que servían cerca de los centros comerciales, llevaba como parte de su uniforme.

Cualquier policía, podía detener a cualquier chico o chica dentro del rango que se negara a cumplir con el castigo de un adulto y, o bien aplicar directamente el correctivo con una de aquellas correas, o bien esposarlo y levarlo a un centro público de castigo, durante un período entre 12 y 24 horas o hasta que sus padres lo recogieran (lo cual podía tomar hasta tres días si ellos decidían dejarlo allí).

La mamá de Andrea giró aliviada al escuchar al policía, pero, antes de que pudiera decir nada, fue Andrea la que contestó - no señor ningún problema -

- ¿Ah no? - dijo su mamá

- No mami - fue su respuesta, mientras bajaba su cabeza.

-Allí su mamá se acercó y comenzó a desabrocharle el jean, bajo la atenta mirada del policía que sostenía en sus manos la "correa de control" como le llamaban. Andrea empezó a ponerse colorada, de repente, se acordó de su "novio" y volteó a ver dónde estaba, pero él había desaparecido, en el mismo momento que vio acercarse al policía.

Andrea se moría de vergüenza pero no se atrevía a protestar, ni siquiera cuando su mamá le bajó no solo el pantalón (con considerable esfuerzo debido a lo ajustado), sino la tanga que tenía debajo, dejando a la vista su vello púbico y sus redondas nalgas.

-si me lo permite - le dijo el policía a la mamá de Andrea haciendo un gesto hacia ésta última, a lo que su mama respondió con un sentimiento de cabeza.

El policía entonces se acercó a Andrea, tomo la base delantera de su camiseta la alzó sacándola de su cabeza sin sacarle los brazos y la ajustó por detrás de su cuello dejando así sus hombros un poco forzados hacia atrás y su brassiere a la vista.

Luego tomo las muñecas de Andrea y se las guió llevándola a colocar las manos sobre su cabeza. - de esta forma será más fácil conducirla a casa - le dijo a la mamá de Andrea, con una significativa mirada.

-Sí, gracias - respondió ella, - pero antes vamos a hacer unas pocas compras que nos hacen falta,- mientras miraba hacia el centro comercial.

Andrea comenzó a temblar al caer en cuenta que su mamá la iba a llevar como si fuera una niña pequeña dentro de ese centro comercial en su actual estado, igual que los chicos y chicas que había visto apenas unos minutos antes.

- Por si se presentara cualquier dificultad, por favor lleve esto señora - dijo el policía mientras le entregaba un pequeño tubo metálico dorado, con un botón rojo en la punta, que colgada de una cadena en su extremo opuesto.

Este aparato, (dotado con un GPS) servía para llamar de inmediato al policía más cercano cuando se requería ayuda con un adolescente, particularmente uno mayor de 14 o 15 años, que se resistía al castigo. - no olvide depositarlo en alguno de los buzones de devolución cuando ya no lo requiera por favor -

-Claro que no, muchas gracias - dijo la mamá de Andrea colgándose el llamador al cuello.

Con esta medida, Andrea tenía claro que no podría desobedecer a su mamá en lo más mínimo pues la situación empeoraría dramática y rápidamente.

A continuación, la mamá de Andrea la tomó del brazo y comenzó a darle nalgadas con fuerza, mientras la hacía caminar hacia el centro comercial, ella, al comienzo pensó que no le daría la satisfacción de  verla llorar y suplicar, así que, a pesar de la vergüenza que sentía de ir caminado así, y el dolor largamente olvidado en sus nalgas, apretaba los dientes para no gritar.

Sin embargo, no había contado con lo mucho que los pantalones y la tanga en sus rodillas, le estorbaban para caminar, lo que la hacía avanzar mas despacio y daba oportunidad para que las nalgadas se acumularan más y más y más y el dolor comenzara a volverse insoportable.

Para cuando entraron en el centro comercial, ya iba gritando y tratando de convencer a su mamá - ayyy noo oww ayyyyy no mamá ayyyyy así no, así nooooo ayyy au auuu ay ayayayyyyy aaaaaaaa, espera oowwww, podemos arreglar esto ayyyyyyy....-

su mamá la llevó directamente al almacén del centro comercial especializado en azotes "Disciplina Total: El mejor sitio para ayudar a controlar los problemas de comportamiento"

- Nooo mamáaa ayy auuu ahi nooo, ayyy auuuu ouchhh, podemos hablar ayyyyyy auuuuu...

- Ya se acabó la época de hablar con usted jovencita, voy a enseñarla a comportarse y a obedecerme de una forma o de otra

- Nooo ayyyy ,mamamaaaa, ayyyyy - decía Andrea avanzando lentamente, con las manos en la cabeza, recibiendo en las nalgas, cuando vío venir a una chica pelioroja de unos trece años en la misma situación, sólo que escoltada por su papá y su mamá y portando una falda verde de azotes. Ver a una chica tan pequeña, y saberse en la misma situación la hizo sentir aún más humillada.

Al llegar a la puerta, mamá le señaló el cartel que decía que debía estar desnuda para entrar, ella pensó en protestar, pero justo entonces, posó sus ojos sobre el llamador y se lo pensó mejor.

Una vez desnuda, su mamá la llevó a palmadas a guardar la ropa y entonces entraron al almacén.

 Hacía muchos años que Andrea no entraba a un almacén de azotes, y ahora estaba entrando completamente desnuda y con la cola ya roja de las palmadas  que había venido recibiendo todo el camino.

Apenas entraron, la mamá de Andrea la dirigió a punta de palmadas a la sección de correas, donde escogió una correa corta y gruesa que de inmediato ensayó en las ya maltratadas nalgas de Andrea.

-ayyyyyyyy- grito Andrea al sentir el primer correazo, saltando y sosteniendo las nalgas con ambas manos, -por favor mami no maaas-.

-Esto es lo que le venía haciendo falta hace mucho a usted jovencita, una lección en respeto y obediencia a su mamá- fue la única respuesta que obtuvo.

Lo siguiente fue una serie de correazos en la cola y las piernas que hicieron a Andrea revolverse tratando de esquivarlos mientras gritaba y lloraba.

Ponga las manos en la cabeza jovencita, dijo la mamá de Andrea sosteniendo el llamador en la mano. 

Al ver esto, Andrea obedeció de inmediato, sintiendo como su mamá la tomaba del brazo y comenzaba a descargar una nueva tanda de correazos en la cola mientras la regañaba.

crackkkk  nuca mas crackkk crackkkk crackkkk me va crackkkk crackkkk crackkk a desobedecer crackkkkk crackkkkk entendido? carckkkk crackkkk crackkkk crackkkkkkkkk

Ayyyyyyyy oooowwwwww ayayayayaaaayyyy no señoraaaaaaa, gritaba andrea mientras trataba de mover le cola fuera del alcance de la correa sin conseguirlo.

La mama de Andrea entonces comenzó a llevarla a correazos hasta la siguiente sección, una donde se vendían los mueblas que servían para apoyar las distintas formas de castigo.

Al  llegar, mientras su mamá buscaba a un dependiente que le ayudara y para su sorpresa escuchó un voz de chica que le resulto familiar gritando "nooo papiiii, por favorrr, no lo volveré a hacer!!! ayyy owww no por favooorrrr, me portaré bieeenn"
 
Cuando ubicó la voz vio a su amiga Paola, acostada en las rodillas de su papá que ensayaba una nueva silla para aplicar nalgadas,  recibiendo una fuerte paliza de palmadas, mientras ella se debatía y pataleaba, con las manos aseguradas a las patas de la silla y una especie de guante de madera adosado a la mano de su papá.

La cola de la pobre chica ya se empezaba a notar morada en la base de las nalgas y la parte superior de los muslos.
 

El correazo que sintió en las nalgas la hizo volver de inmediato a su propia realidad -caminando!!- le dijo su mamá mientras la llevaba hacia un muestrario donde se veían varios aparatos que servían para restringir al castigado.

-Bienvenida- saludó la vendedora, una chica de unos 25 años a la mamá de Andrea, mi nombre es lucía, -¿en que puedo ayudarle?- 

-Gracias, estoy buscando algo que me ayude a mantener a esta jovencita controlada, mientras me pongo al día con los castigos que he debido darle desde hace un par  de años- le dijo la mama de Andrea a la vendedora, haciendo una significativa mirada hacia Andrea que seguía "bailando" en su sitio sin atreverse a bajar las manos de la cabeza. 

-Claro que si- fue la respuesta mientras miraba la estatura de Andrea para calcular que tipo de mueble le serviría, -yo diría unos... ¿19 años?- 

-Exactamente- le contestó la mamá de Andrea mientras comenzaban a seguir a lucía hasta uno de los muebles de exhibición.

-Creo que este sería ideal-, le dijo mientras señalaba un potro cuya altura estaba solo ligeramente por debajo de la cintura de Andrea - tiene ajustes para las muñecas adelante y los ajustes de los tobillos atrás pueden desplazarse para cambiar la posición de las piernas.

De repente Andrea comenzó a sentir un sudor frío que le recorría la espalda de sólo pensar en estar allí atada, durante quién sabe cuánto tiempo, mientras su mamá "se ponía al día" con sus castigos, la vendedora entre tanto continuó su explicación  

-además, se puede levantar aquí- dijo mientras accionaba un pequeño botón que liberó la parte superior permitiéndole convertirse en un espaldar - lo que permite usarlo como asiento para después del castigo, adicionándole esto- entonces tomó un soporte que había estado adosado al frente del aparato colocándolo entre las bases internas convirtiéndolo en el asiento de una silla, - para mejorar la sanción, puede hacerse también así - entonces le dio la vuelta al soporte  dejando el elaborado y repujado diseño que representaba un castillo lleno de detalles apuntando hacia arriba.

A Andrea comenzaron a temblarle las rodillas al ver el aparato, pero sobre todo la cara se satisfacción de su mamá.

-lo mejor de todo-, dijo la chica -es que las mismas correas que sirven para ajustar a la castigada  al potro, sirven para ajustarla a la silla, pues tiene unas aquí,- dijo señalando las que estaban adosadas a donde serían los apoya brazos- exactamente con ese propósito, de manera que la castigada se mantenga en su sitio hasta que se le indique-

-¿Cuánto cuesta?- dijo mamá de Andrea, sintiendo que sería la mejor inversión de su vida.

- No demasiado- contestó la vendedora - además puede pagarla a cuotas si lo desea y si la lleva hoy, le puedo incluir la entrega a domicilio sin costo.-

-Perfecto!!- dijo la mamá de Andrea, - sin embargo, me gustaría ensayarla, si no es problema-

Andrea empezó a sentir pánico, al escuchar eso, y los temblores ya no eran sólo en sus piernas -mami por favor, podemos hablar de esto- comenzó a decir, pero la única respuesta que recibió fue un nuevo correazo en sus nalgas que la hizo saltar.

- claro que sí- le dijo la vendedora - insistimos en que nuestros clientes conozcan bien el producto antes de comprarlo - con esto, cerró de nuevo el potro, quedando listo para recibir a Andrea.

Luego tomó suavemente a Andrea por el brazo y la guió para acostarla sobre el potro - coloca los brazos adelante por favor- le dijo y Andrea, temblando de miedo, pero más asustada de que mamá usara el llamador, hizo lo que le decían.

Al colocar la muñeca de Andrea contra el seguro delantero, este se cerró automáticamente, dejando la muñeca ajustada pero sin presionar demasiado. -esta característica facilita colocar a la castigada rápidamente en posición dijo la vendedora mientras acercaba la otra muñeca de Andrea al otro seguro, que respondió de la misma forma.

Con las muñecas aseguradas, Andrea quedaba inclinada por la cintura, apoyada sobre el estómago y el pecho, pero puesto que la superficie tenía un pequeño declive hacia adelante, la cola quedaba bien levantada con los pies apoyados más en la punta que en el resto del pie.

- Esta correa es opcional,- dijo la vendedora sosteniendo una correa que recorría la superficie del potro de lado a lado, -pero es recomendable sobre todo cuando no están muy acostumbradas al castigo- al decir esto, ajustó la correa en una argolla al otro lado del potro, dejando la cintura de Andrea bien fija a la superficie sin poder moverla.

-luego se ajustan los soportes de las piernas- Dijo mientras  colocaba cada uno de los tobillos de Andrea en un seguro similar a los de las muñecas, uno junto al otro, dejando las piernas cerradas atrás

Andrea sentía como la iban atando poco a poco, sintiéndose cada vez más indefensa y asustada, previendo el dolor que iban a causarle en cualquier momento.

-Otra ventaja del seguro automático, es que puede ordenarle a la castigada que se ajuste ella misma al potro hasta que esté usted lista para proceder al castigo- dijo lucía la vendedora- eso claro, cuando están bien entrenadas a obedecer-

-Parece que usted tiene mucha experiencia con este aparato en particular- dijo la mamá de Andrea con una media sonrisa 

Sonrojándose un poco ella le respondió - de hecho mi papá tiene una de estas y hasta no hace mucho, estuve yo del otro lado de los seguros, así como aún lo están mis hermanas- al decir esto miró de manera muy breve a una chica de unos 15 años atada a un potro similar, en estado de silla de castigo que lloraba silenciosamente unos metros más allá.

-Esta es la utilidad de la característica que le mencionaba - dijo mientras al pulsar un interruptor las piernas de Andrea se separaron lentamente hasta dejar una vista muy clara de todos sus secretos desde atrás.

Esto hizo que Andrea comenzara a llorar de nuevo por la humillación, al pensar que todo mundo podría verla en esa posición.

-Parece muy apropiado- dijo su mamá mientras observaba la posición.

Se agachó junto al aparato y volvió a presionar el interruptor cerrando las piernas de Andrea,  -podría pedirle un favor más- le dijo a la vendedora -por supuesto respondió ella-

- ¿podría ayudarme a seleccionar una vara apropiada?- al escuchar esto, Andrea no pudo contenerse - noooo mamaaaa por favor, por lo que más quieras una vara nooooo, haré lo que seaaa nooo-

Su mamá se acercó detrás del potro y comenzó a descargar la correa corta sobre sus nalgas craaaaackkkkk crackkkkkk crackkkkkkk, - quién le dio permiso de hablar'?- crackkkkk crackkkkk crackkkkkk crackkkkk usted no debería interrumpir a los adultos crackkkk crackkkkk crackkkkk crackkkkkk

Andrea lloraba, gritaba y prometía todo lo que se le ocurría para que su mamá se detuviera, pero ella no parecía dispuesta a parar nunca.

Entre tanto la vendedora había pedido a una compañera que le trajera una selección de varas para el último segmento del rango. Cuando se acercó, la mamá de Andrea paró de usar la correa.

-estas son de la mejor calidad-, le explico la vendedora- y tienen varios niveles de dureza y flexibilidad según el efecto que usted quiera conseguir-.

La mamá de Andrea tomo las varas, seleccionó una más flexible que dura y la sacudió en el aire

Aún a través del ruido de su propio llanto, Andrea, escuchó el silbar de la vara, y su corazón empezó a latir a toda velocidad, con el miedo de sentir ese aparato restallando contra su cola.

No paso mucho tiempo antes de que lo hiciera, pues de inmediato su mamá alineó la vara en su trasero la levantó y descargó el azote de lado a lado de su trasero rápido y con mucha fuerza.

SWISHHHH....CRACKKKKKKK

La sensación que Andrea tuvo fue casi inexplicable, al principio sólo fue el ardor, pero en medos de dos segundos era como si le hubieran puesto una línea de fuego ardiendo en su cola, y al sensación aumentaba con cada momento que pasaba.

AAAAAAAAAAAAAAAYYYYYYYYYYYYYYYYYY gritó Andrea con todo el aire que tenía en sus pulmones, como si no existiera nada más en el mundo.

El dolor aumento durante los siguientes dos o tres segundos y cuando empezaba a nivelarse llegó el siguiente azote justo debajo del primero.

El nuevo incremento del dolor hizo que Andrea no solo siguiera gritando, sino que, a pesar de saber que era inútil comenzara a sacudirse y a luchar contra las ataduras que la mantenían en esa posición  

-si me lo permite- dijo la vendedora a la mamá de Andrea, -¿podría darle un par de consejos?

-si, por favor- le contestó esta

-Para que una vara tenga un máximo de impacto con un mínimo de daño, es buena idea "halar" la muñeca, al finalizar el golpe, así los moretones tardan más en aparecer y el dolor es igual de efectivo

Le hizo una señal a la mamá de Andrea, a lo cual esta respondió entregándole la vara -algo así- dijo alineando de nuevo la vara sobre la cola de Andrea y demostrando la técnica citada

El nuevo golpe, hizo que Andrea casi enloqueciera contra las ataduras, pues era una sensación mucho más corta pero más intensa que los anteriores.

-también hay que tener en cuenta la zona de impacto- dijo la vendedora- esta de aquí es ideal para el uso posterior de la silla de castigo- luego de lo cual asestó un golpe igual al anterior pero exactamente en la línea entre las nalgas y las piernas, haciendo que Andrea gritara con un tono 3 octavas más altas que hasta ahora

-tiene mucha razón gracias- dijo la mamá de Andrea, -además hay un pequeño truco que me enseñaron hace años en un curso-

Entonces conectó de nuevo el interruptor, separando las piernas de Andrea dejando vulnerable el interior de sus muslos

Fue justamente allí, donde le asestó los siguientes dos varazos, con la técnica que la vendedora le había explicado.

El nuevo asalto en una zona sensible antes intocada, hizo que Andrea comenzara a llorar como una niña de 5 años hablando incoherencias y prometiendo (o creyendo que lo hacía pues no era capaz de pronunciar nada con claridad) cualquier cosa con tal de evitar que se continuara con ese dolor insoportable.

Luego de 3 varazos más en cada pierna, que a Andrea le parecieron mil, su mamá cerró de nuevo las argollas, lo que tuvo un efecto que ella no esperaba, al tocar una de sus piernas contra la otra el ardor esa insoportable y se empeoraba si se movía.

A Andrea casi no le quedaban ya fuerzas para llorar y no creía que alguna vez fuera a ser capaz de volver a sentarse de nuevo durante el resto de su vida. Aunque eso no era necesariamente cierto

En ese momento, los varazos dejaron de caer y Andrea sintió como empezaban a soltarle los tobillos primero luego la cintura y por último las manos, para luego ayudarla a ponerse de pie.

Sus piernas casi no la sostenían, y aún permanecer de pie le causaba dolor en la cola por la acción de los adoloridos músculos que se comprimían para mantenerla de pie.

Sus manos se dirigieron de inmediato a su maltratado trasero, pero aún el mínimo roce la hizo desistir de la idea de frotárselas. Entonces vio como su mamá operaba el botón y abría el potro preparando la silla de castigo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas al ver a su mamá retirar la decoración frontal e instalarla, con el castillo hacia arriba en el sitio correspondiente al asiento.

Se sentía tan débil y adolorida que no tuvo fuerzas ni siquiera de intentar protestar cuando su mamá la hizo subir al asiento. En el momento en que sus adoloridas nalgas hicieron contacto con el duro y repujado asiento, una nueva oleada de dolor subió por su sistema nervioso hasta su cerebro estallando en un profundo grito de agonía que se escuchó por todo el almacén.

En cuestión de segundos sus tobillos estaban de nuevo sujetos en los soportes, al igual que sus muñecas a los brazos de la silla. Para completar la vendedora le ajusto la correa de la cintura, que desde esa posición era accesible, para que no pudiera separa la cola del asiento.

El llanto de Andrea se renovó, pues el apoyar todo su peso en su dolorida cola contra esa superficie, parecía enviar pulsos de dolor por momentos y no parecía remitir jamás, sobre todo, porque las ataduras de las piernas impedían que distribuyera el peso de ninguna otra forma.

-debería descansar un poco- le sugirió la vendedora a su mamá- mientras permitimos que ella se enfríe- con lo cual la chica y la mujer se dirigieron hacia una de las áreas destinadas para el descanso de los clientes a tomarse un café, dejando a Andrea adolorida, desnuda, sola  y atada a la silla.

Por entre sus lágrimas, Andrea vio a Paola, caminando con dificultad, detrás de su papá, que llevaba aquel aparato aún pegado a su mano e iba hablando con la mamá de paola sobre algún asunto doméstico.

al regresar, la mamá de Andrea venia charlando tranquilamente con la vendedora y traía en la mano (demás de la correa y la vara) un paquete con unos calzones de castigo dentro.

la ropa interior de castigo (boxers para los chicos o calzones amplios para las chicas), eran calzones que le cubrían completamente las nalgas a la castigada y que venían provistos de unas pequeñas piezas de plástico puntiagudo, que se clavaban en la piel de la cola, haciendo muy doloroso el moverse y mucho peor aún el sentarse sobre todo después de una fuerte paliza. 

En el momento en que Andrea vio los calzones de castigo, cayó en cuenta de otro detalle, los jeans que habían dejado en la entrada eran ajustados como una segunda piel, lo cual sería, una muy mala noticia para su cola, si mamá decidía hacérselos poner, y serían inimaginables con esos calzones puestos debajo.

Mamá procedió a liberarla de las ataduras y la ayudó a ponerse de pie, lo cual fue de por si complicado, puesto que la sensación de una pierna al rozar la otra era terriblemente dolorosa.

-póngase esto- le dijo su mamá a Andrea, pasándole un par de calzones de castigo que tenían toda la pinta de calzones de abuela pero con motivos infantiles por fuera y una claramente distinguible abeja que delataba su función a cada lado.

Con manos temblorosas, Andrea obedeció, pues no estaba preparada para soportar más dolor en su cola, y al subírselos, se dio cuenta de que era un talla menos (que era lo usual), por lo cual las piezas plásticas se apretaban firmemente contra las marcas del castigo recibido haciéndola apretar los dientes y los puños parta no gritar.

-tenía razón- le dijo a la vendedora -serán un buen recordatorio de aquí en adelante- a lo que ella contestó con una sonrisa.

Vamos a Casa le dijo mamá a Andrea, y comenzó a llevarla hacia la entrada del almacén. Cada paso que Andrea daba, hacía que las piezas de plástico de los calzones se encajaran más y el dolor del roce de las piernas entre ellas, le obligaba a separarlas causando que caminara de forma bastante graciosa además de dolorosa.

al llegar a la entrada y recoger la ropa, Andrea se arrodilló en frente de su mamá

-mami por favor- le dijo, -no me obligues a ponerme los pantalones, dame otro castigo pero eso no por favor-

su mamá pareció pensarlo un momento y luego le dijo -pero usted fue la que escogió esa ropa para ponerse no es cierto? no quera lucirla en la calle?-

- mami por favor, ya aprendí mi lección, voy a obedecerte en todo y no volveré a desafiarte, pero por favor, ten piedad mamiiii-.

El ver a su hija casi desnuda de rodillas y arrepentida le conmovió un poco el corazón así que le dijo:

-Tiene dos opciones: se pone la ropa y se va caminando conmigo o se va desnuda, pero sola hasta la casa-

Ir desnuda sola por la calle implicaba que cualquier adulto tendría el derecho de castigarla al verla y que podría usar cualquier implemento hasta por 20 azotes o más.

La sola idea de recibir aún una sola palmada más en su pobre cola era insoportable, así que Andrea se levantó y comenzó a ponerse el brassiere  y el top, luego empezó a ponerse el pantalón y al llegar al momento de cubrirse el trasero, tuvo que hacer tres intentos antes de poder subírselo y abrocharlo.

Su mamá la tomo del brazo y la sacó del almacén, lo cual fué una auténtica tortura pues cada paso era un dolor terrible, por los calzones de castigo, el roce del pantalón contra sus piernas castigadas y el esfuerzo que el mismo movimiento generaba.

Pero si de algo estaba completamente segura Andrea, era que su época de rebeldía había terminado.


sábado, 15 de noviembre de 2014

Dia de notas

*** Este  relato es una obra de ficción, realizada como fantasía e incluye nalgadas a una adolescente, en ninguna forma condona ni promueve el castigo físico a menores de edad, ni la violencia intrafamiliar. Si no es de su agrado o se siente ofendido por este tipo de contenidos, por favor no continúe leyendo***

 -Adelante - dijo papá


Esa era la orden que yo estaba temiendo escuchar, incluso sabiendo lo que me iba a suceder después de llegar con ese reporte de notas, y despues de lo que acababa de escuchar suceder en ese mismo estudio.

Cuando entré fuí sorprendida por dos imágenes; primero mi hermana mayor, con las manos en la cabeza, mirando a la pared, sus pantalones y panties abajo, con su rojo trasero lleno de marcas y dos grandes moretones en la parte baja,  y segundo, mi papa sosteniendo en la mano derecha una correa de cuero dividida en dos colas, llamada tawse y la palemta de madera sobre su escritorio a su lado. 

Entonces, me miró de la forma en que solo un padre enfadado puede mirar a una hija, y empezó a regañarme acerca de la responsabilidad y blah, blah blah, pero en lo único que yo podía pensar era era en como se iba a sentir mi cola in un par de minutos. todo lo que yo podía hacer era agarrame la cola, mientras el hablaba y esperar por la inevitable orden.


Desnude esa cola Jovencita


Ahí estaba, la orden que significaba que no iba a poder sentarme por mucho tiempo, el comienzo de mi vergüenza y castigo, el comienzo de los minutos más dolorosos de mi semana desde ahora.

entonces, tomado aire, empecé a desapuntar mi jeans y bajarlos y de repente, comencé a desear no tener unos panties tan infantiles, talvez los de pokemon no eran la mejor alternativa para hoy. Es curioso lo que piensas antes de una paliza.

Entonces tuve que bajarme también los panties, odio que mi papá me vea así, especialmente porque a los 14 creo que soy muy grande para que mi papa me azote, y especialmente porque tengo prohibido cubrirme mi desnudez.

Así que, aqui estoy, con las manos detras de mi espalda, pantalones y panties abajo, y papa empieza de nuevo con su regaño, blah, blah, blah, durante lo que parecen años, la brisa fresca en mi cola y en mi frente hacen que sea incluso más consciente de lo voy a enfrentar, me siento como hipnotizadpa por el tawse, no importa cuanto trate, no puedo no puedo quitarle los ojos de encima,. Solo quiero acabar con esto, ¿porqué le toma tanto tiempo?, ¿como puede alguien hablar tanto tiempo sobre lo mismo?.

- Inclinese sobre el escritotio jovencita -


De repente, el tiempo parece ir muy rápido, ¿tal vez hay forma de retrasarlo un poco?, pero lo conozco bien como para discutir en este momento, la última vez que lo intenté, terminé con media docena de azotes con la vara ENCIMA de la paliza original, esa es una experiencia que prefiero no repetir.

me inclino sobre la mesa, con la cola bien en alto, como sé que él espra que lo haga, prometiendome a mi misma no levantarme sin importar lo que pase, esa es otra experiencia que, en serio, en serio, no quisiera repetir.

Escucho a papá pararse detrás de mí, siento levantarse el tawse y entonces...

Crackkkk

En esemomento, todo mi universo se convierte en mi cola, el dolor insoportable, el calor, la sensacion de las dos colad el tawse mordiendo mi carne es más de lo que puedo manejar, y lo peor de todo es que es seguido por otro y otro y otro, azote de ese temible instrumento, 28 en total, el doble de mi edad. Lo sé porque ese es el castigo usual, no porque haya sido capaz de seguir contando más allá del segundo o tercer azote.

Me agarro con fuerza de la mesa, pero aparte de eso, pataleo, grito, suplico y prometo. Lo que sea contal de que se detenga, no muy diferente de cuando tenía 6 años, no me siento tan grande ahora.


Entonces se detiene. Combato la urgencia de levantarme y sobarme mi cola, y de alguna manera logro mantenerme en posición, se que no hemos terminado. Lo que pasa es que hay un "tratamiento especial" para las malas notas.

Eso significa que despues de la cueriza, recibes un azote con la palmeta por cada materia en menos de 8/10 y otro por cada  día de ausencia en la escuela, lo que significa malas noticias para mi cola con 2 en 6, 2, en 5 y cuatro días de ausencia en mi cuenta.

Asi que papa coge la palmenta sin más ceremonia (gracias a Dios) y comienza a darme los azotes en mi adolorida y probablemente ya marcada cola.

La peor parte de las palizas de palmeta de papa, es que apunta al sitio exacto donde te sientas en cada azote, y lo hace con toda su fuerza, de manera que luego de solo tres o cuatro tu ya sabes que no te sentarás en una semana.

MI cola se siente como si todo el fuego del infierno se hubiera desatado en ella, no creo que alguna vez vaya a estar mas adolorida de lo que ya estoy , aunque casi siempre pienso lo mismo, y siempre papa me demuestra que estaba equivocada. 

- Levantese jovencita -


Al escuchar esto salto de mi posición y sin poderlo evitar mis manos vuelan a mi cola y empiezo a dar pequeños saltos, sosteniendo mi cola haciendo circulos en el mismo lugar sin importarme mi modestia, ni nada diferente de mi cola caliente.

- ¿Le dije que se sobara?-

la voz de mi papá me trae de vuelta a la realidad y mis manos vuelan de mi cola a mi cabeza, esperando que no decida azotarme más por eso.

-lo siento papi es que duele mucho-

Su única respuesta es tomarme del brazo y asestarme 5 fuertes palmadas con la mano en cada nalga, lo que me pone a gritar de nuevo.

Entonces me guía a la pared y me deja allí junto a mi hermana, mientras lo siento regresar junto al escritorio y le escucho decir

- Adelante -

Y mi hermana pequeña entra al estudio

miércoles, 5 de noviembre de 2014

La Solución Corporal - Camila

*** Este  relato es una obra de ficción, realizada como fantasía e incluye nalgadas a adolescentes y niños, en ninguna forma condona ni promueve el castigo físico a menores de edad, ni la violencia intrafamiliar. Si no es de su agrado o se siente ofendido por este tipo de contenidos, por favor no continúe leyendo*** 

***Algunas de las ideas de este relato, han sido tomadas de autores y caricaturistas del mundo spanko como Dave Mire , Malahide, Jack Cawford, y lurking dragon entre otros. los personajes y las historias, sin embargo son completamente originales, mi reconocimiento y admiración para los autores que inspiraron este relato***

Camila era una chica de raza negra, de 15 años con un cuerpo delgado, unos pechos no muy grandes pero una cola redonda y parada que había sido siempre la envidia de sus amigas y la atracción de todos los chicos que la conocían.

Camila había vivido hasta ahora fuera del país, y sus papás no solían utilizar el castigo físico con ella, sin embargo, al encontrar una oportunidad laboral mejor en el país, la familia decidió mudarse de vuelta.

La primera sorpresa para Camila, fue enterarse de que en el país se utilizaba el castigo corporal, no como excepción sino como norma, que incluso había regulaciones legales frente al mismo. El día que salieron del aeropuerto, Camila vio a varias chicas en faldas de castigo con las claras marcas de las azotainas recibidas durante el día.

- ¿Porque están así esas chicas papa? - fue su natural pregunta

- Habrá tiempo para hablar de eso luego - le respondieron.

Desde entonces ella había aprendido mucho sobre el tema, y había visto muchas palizas en público, sin embargo, esto sólo lograba aumentar su curiosidad por saber como sería pasar un día en una de esas faldas de castigo. Se veía doloroso claro, y humillante, pero había algo que seguía llamándole la atención, la sensación de estar así, dispuesta para los castigos de cualquiera.

En un par de ocasiones trató de causar dificultades para que sus papás la castigaran, sin embargo ellos no estaban muy acostumbrados y solo en una ocasión su mamá le dio unas nalgadas, sobre sus pantalones con la mano.

Camila, cada día sentía más curiosidad, hasta que finalmente se presentó la oportunidad a través de su tío.

El tío de Camila siempre había consentido todos sus caprichos hasta ahora y un día ella lo escuchó hablando con sus papás acerca de cómo había mejorado todo desde que se establecieron las políticas de castigo dentro del rango de edad.

- Ahora ya no se ven tantos vándalos, los chicos son más respetuosos y se han reducido la mayoría de los problemas con los adolescentes - Decía su tío

- Sin embargo, me parece un poco exagerado humillarlos en público - contestaba su mamá

Allí fue cuando a Camila le surgió la idea, si lograba que su tío le ayudara tal vez podría satisfacer su curiosidad sin necesidad de que sus papás se enteraran. asi qué unos días despues, cuando se quedó a solas con él le dijo: - tío, ¿podemos hablar? -

-Claro nena -

- Es que he estado pensando en algo, y sé que solamente tú me puedes ayudar, porque no hay nadie más a quien me atrevería a contárselo - 

Su tío se sintió muy halagado por esto, e impresionado por la seriedad que Camila le daba al asunto, se preguntó que se traería entre manos

- Sabes que puedes hablarme de lo que sea nena -

- ¿Me prometes que no se lo dirás a nadie? -

- Tienes mi palabra -

- Es que.. desde que llegué hay algo que me da vueltas y vueltas en la cabeza -

-  ¿Si? -

- Tú sabes, donde vivíamos no había castigo corporal y... yo... -

Su tío empezaba a entender para donde iba todo esto.

Tomado aire, Camila dijo - quisiera saber como se siente salir en falda de azotes - 

- ¿ Y como puedo ayudarte con eso?

- es que he visto a muchas chicas solas con las faldas en la calle y todo el mundo les pega, me da miedo meterme en algo que no pueda manejar, así que quiero que tu me lleves - contestó Camila, mirándolo a la expectativa de como fuera a reaccionar

Su tío se quedó pensativo por unos momentos, no era la primera vez que pensaba que a Camila le serviría un paseo en falda de azotes, a veces era muy grosera y respondona, finalmente le dijo: - No creo que funcionaría como debe ser si tu lo escoges y si puedes parar cuando quieras. De hacerlo tendríamos que hacerlo como un castigo real -.

- Eso es exactamente lo que quiero Tío, dime cuál es el castigo y yo haré lo que digas -

- Si acepto esto, no va a ser agradable para ti, y créeme que voy a encargarme de que lo recuerdes por muchos días, no hay marcha atrás después de que empecemos ¿entendido?

- Si señor - Dijo Camila Tragando saliva

- ¿Aún estas segura de intentarlo? -

Camila lo pensó unos instantes, esto podía salirse de control y su tío hablaba en serio, pero si no lo intentaba ahora, no reuniría el valor de intentarlo de nuevo

- Si señor, estoy lista -

- Muy bien jovencita, levántese y quítese los pantalones y los panties - dijo el tío

Camila obedeció, sintiendo como se sonrojaba, pues su tío estaba a punto de verla semi desnuda.

Se bajó los pantalones por completo y se los quitó, quedando en solo un par de panties de tipo bikini blancos, al tomarlos para bajarselos, titubeo, pues nunca había estado desnuda así en frente de un hombre.

La reacción de su tío fué asestarle dos fuertes nalgadas plasssss plasssssss

auuuuuuuu, - dijo Camila girando para mirarlo

- Usted obedece de inmediato o el castigo se empeora ¿entendido? - la tomo del brazo y le asestó otra nalgada - 

-ayyy - Camila obedeció de inmediato dejando caer los panties hasta los tobillos, mientras se tapaba delante.

- Las manos a los lados Jovencita - dijo su tío con una voz muy autoritaria. Estaba decidido a que le quitaría a ella las ganas de esta experiencia desde el comienzo.

Camila abrió mucho los ojos, pero obedeció quedando completamente expuesta frente a su tío

Su tío la tomo del brazo la llevó hasta la pared y la hizo parar mirando a la pared con las manos en la cabeza.

- Espéreme ahí hasta que yo regrese y no se le ocurra moverse ¿entendido? -

- Si señor -

Camila sólo podía pensar en cuanto le ardía ya la cola y apenas iban empezando, no se atrevía a moverse de ahí pero casi no aguantaba las ganas de frotarse las nalgas. Justo cuando estaba a punto de bajar la mano para sobarse, escucho la orden

- dese vuelta jovencita -

ella rápidamente se dio la vuelta sin bajar las manos y vio a su tío con una falda de azotes verde en las manos

Esta era de tu prima cuando aún estaba en el rango de edad, creí que tenia una roja en el carro pero sólo hay esta y creo que estará bien para lo que quieres experimentar. póntela

Con esto le pasó la Falda. Cuando pilar se la puso, se dio cuenta de que la falda cubría mucho menos de lo que se esperaba, por detrás, quedaba lista para recibir nalgadas, y por delante escasamente le cubría lo mínimo.

Su tío la tomo del brazo de nuevo y la llevó a una silla, se sentó él y la empujó sobre su regazo
- Voy a darle un calentamiento antes de irnos, además es la costumbre antes de salir en público. Si se trata de tapar la cola, le voy a dar con el cinturón ¿entendido? -

- Si señor - Dijo Camila, rezando para que aguantara las ganas de taparse la cola

Plasss plassss plasss splassss empezaron a caer las nalgadas rápido y fuerte en la cola desprotegida de Camila.

Despues de cuatro o cinco nalgadas ella ya estaba segura de que esta era una mala idea, a las 10 estaba empezando a patalear  a las 20 estaba gritando como loca

AAAAAAyyyyyyyy noooooooo ayayayayyyyyyyyyy nonoooooooo no maaaaasssssss porfavooooorrrrrrrr

Su tío seguía sentándole nalgada tras nalgada, y ella sentía su cola como si estuviera echando fuego, y hacía grandes esfuerzos por no taparse la cola, pues no alcanzaba a imaginar como sería el dolor del cinturón. Antes de que terminara el día ya lo habría averiguado.

Cuando su tío terminó las nalgadas le dijo: - Si hoy en cualquier momento después de esta o de cualquier pela, se soba las nalgas, la voy a desvestir del todo y la voy a tener así todo el día ¿entendido? -

- S..Si Señor sniff sniff - dijo Camila, pensando que iba a ser casi imposible aguantar las ganas de sobarse, sobre todo cuando la pela fuera con un instrumento.

- Ahora vamos al centro comercial, y vamos a hacer lo siguiente: Vamos directo a la zona de intercambio verde y cuando yo le haya dado una pela a una chica rubia, una pelinegra y una peliroja nos regresamos, ¿entendido?, si entre tanto usted recibe 5 o 6 pelas, pues que lástima -

*** en el centro comercial***

Al llegar al centro comercial,  su tío la hizo bajar del carro y colocar las manos en la cabeza


Antes de ir hacia la entrada, su tío saco del baúl del carro una correa ancha con agujeros, que hizo que a Camila le recorriera un escalofrío por la espalda.

- Esto se llama la marcha de la vergüenza - le dijo

comenzó entonces a darle nalgadas mientras la llevaba caminando hacia el centro comercial, con cada nalgada, Camila saltaba un poco hacia adelante y sentía como su ya adolorida cola se prendía en fuego y su falda se alcanzaba a levantar de adelante, haciéndola sentir mucha vergüenza.

al entrar en el centro comercial su tío le dijo:

-si alguien pregunta porque estas aquí, le dirás que robaste el auto para salir de fiesta con tus amigos

-si señor-

Continuó llevándola a nalgadas hasta la plaza de intercambio verde, por el camino, Camila vio varias chicas de diferentes edades algunas con faldas de castigo, otras completamente desnudas, e incluso, para su sorpresa varios chicos desnudos en plena marcha de la vergüenza, que se veían mayores que ella.

Antes de llegar a la plaza, su tío de detuvo un momento al ver a un amigo con sus hijos, un chico y una chica, ambos en ropa de castigo roja.

Camila agradeció el momento de respiro, aunque no estaba destinado a durar mucho tiempo.

Mientras su tío hablaba con su amigo, Camila vio a un chico rubio de unos 11 años, con los pantalones y boxers en los tobillos caminando mientras su mama le llevaba a nalgadas con las manos en la cabeza.

muy bien entonces -dijo su tio- Camila, venga para acá

tragando saliva, Camila obedeció

Será mejor que haga lo que don Fabrcio le dig o le asegura que va a se rmucho peor para su cola entendió?

-Si señor - fué lo que dijo Camila

- Fabricio la tomo del brazo y la levo a un banco cercano

- Porqué la trajo su tio? - preguntó Fabricio

-por ser tan tonta como para meterme en este problema solo por curiosidad - Pensó Camila, sin embargo, su respuesta fue

-por robarme el auto para ir de fiesta

Fabricio sacó una chancla gruesa de caucho, y la hizo colocar a ella sobre sus rodillas

Entonces empezó a descargar un chancletazo tras otro en las desprotegidas nalgas de Camila que solo acertaba a patalear y llorar desconsolada mientras el dolor de su cola crecía a cada segundo, hasta un nivel que ella creía imposible.

De repente ella, no lo soportó más, así que trató de colocar su mano para proteger su adolorida cola.

Ello sólo tuvo el resultado de que le aseguraran su mano contra la parte baja de su espalda y le descargaran una serie de mas de 20 chancletazos en cada muslo, empeorando con mucho el dolor que ya de por sí sentía.

Entre tanto, el tío de Camila estaba con el chico y la chica de su amigo.

- Usted por que esta aquí jovencito?

- Por perder 4 materias señor

- Y usted jovencita?

- Por perder 5 materias señor

- Pues yo me voy a asegurar que se acuerden de lo que deben ir a hacer al colegio

los dos chicos tragaron saliva al ver la correa de castigo en su mano

- Inclínense con las manos en las rodillas

Los chicos obedecieron de inmediato no queirendo hacer peor una de por si ya mala situación

el tío de Camila empezó dándoles un correazo a cada uno que los hizo saltar, y continuo dándoles dos a cada uno, luego tres. luego cuatro y luego 5 momento para el cual los dos ya lloraban como si tuvieran 5 años y hacían enormes esfuerzos por no levantarse a sobarse las colas castigadas.

- cuantas materias van a perder? (una serie de seis correazos a cada uno)

- whaaaaa ningunaaaaa señooorrrrrr

- a que van al colegio? (una serie de siete correazos a cada uno)

- a estudiarrrrr aaaaaaaaaaayyyyyyyy ooooooowwwwwwwwww - contestaron al unísono

los dos chicos tenian el cabello negro así que contaba como la primera pela del día, aunque el sabía que conseguir una chica pelirroja podría llevar algun tiempo


Cuando finalmente Fabricio soltó a Camila ella estuvo a punto de cogerse la cola cuando escuchó la voz de su tío

- acuérdese de lo que le advertí!!!!

Haciendo un esfuerzo increíble ella apartó las manos de su cola en llamas cerrándolas fuertemente en dos puños mientras bailaba al rededor. Finalmente, decidió ponerlas de nuevo en su cabeza.

- Gracias Fabricio, nos vemos en el trabajo el lunes - se despidió su tío mientras reiniciaban el camino hacia la plaza verde y la marcha de la vergüenza.

al llegar a la plaza verde, había toda suerte de chicos y chicas en ropa de castigo verde recibiendo varios instrumentos en muchas posiciones, Camila nunca había visto tanto chicos llorando al tiempo.

Al entrar en la plaza una chica rubia de unos 10 años se levantaba de las rodillas de su papa que sostenía un cepillo de pelo marrón en su mano y estaba iniciando su baile, cuando el papa de la chica se dirigió a su tío.

- Le interesa intercambiar? - dijo

al tío de Camila le pareció un poco pronto para la chica, pero no quería estar allí más de lo necesario, así que aceptó.

La chiquilla aun estaba en pleno baile cuando vio que su papa la llevaba con el tío de Camila

- nooo papiii por favorrr no maaassssss

- Acabamos de llegar señorita, además pegarle con  una piedra a tu hermano en la cabeza, y mandarlo al hospital no es una cosa que merezca compasión

Al escuchar esto, al tío de Camila se le acabaron cualquier tipo de escrúpulos que hubiera tenido, tomo a la niña del brazo y comenzó a descargar los correazos en su pequeña colita mientras ella bailaba alrededor, tratando de esquivarlos.

Entre tanto el papa de la chica le preguntaba a camila - quien la trajo?

- Mi tío

- Porque?

- Por robarme el auto para ir de fiesta - fue la respuesta aunque cada vez más entendía lo mala idea que había sido esto.

El hombre entonces la empujó sobre sus rodillas y sin mediar palabra le comenzó a dar cepillazos, fuertes y rápidos en su pobre cola.

Camila, gritaba, pataleaba, se sacudía, prometía portarse bien y todo lo que se ocurría para tratar de detenerlo, para tratar de que parara de darle azotes con ese cepillo que dolía como si le estuvieran poniendo la cola sobre un fogón de la estufa.

De repente el hombre, al ver que su tío había terminado, se detuvo y la hizo levantar.

Camila empezó de inmediato a bailar, y sólo era capaz de apretar los puños contra los costados para tratar de resistir la tentación de tocarse la cola y quitar al menos una parte del dolor que sentía.

En cuanto el papa de la chica rubia la tomo del brazo se acercó a una mujer -le interesa intercambiar?

Camila sólo sabía que ya llevaban 2 de tres y esperaba que pronto apareciera la chica peliroja, sin embargo no tuvo tanta suerte, pues la siguente en acercarse fue una chica morena de 19 años con su madre.

- Podría encargarse de ella? le preguntó la madre al tío de Camila, necesita la mano de un hombre severo.

- Claro que sí, - dijo él - le importa? - agregó señalandole a Camila, ella sólo asintió y la tomó del brazo

entonces el tío de Camila se dirigió a la chica

- Por que la trajo su mamá?

- Por llegar borracha a casa

- Dese vuelta e inclínese sobre esa silla

La chica obedeció y de inmediato los correazos del tío de Camila empezaron a llover sobre su cola, la chica, que ya llevaba las marcas da varios castigos, empezó a llorar desde el primero y aunque levantaba una de las piernas con cada uno, no hizo ademán de levantarse o cubrirse la cola con las manos.

le cayeron mas de 30 correazos 12 de ellos en el sitio en que se sentaría después dejando marcas profundas en su piel y desde luego en su intención de volver a consumir alcohol alguna vez en su vida.

Cuando el tío de Camila le permitió levantarse, las piernas por poco le fallaban y no tenía energía mas que para llorar y limpiarse los ojos, ya que el dolor era tan intenso que no se atrevía ni a tocar sus nalgas.

Mientras tanto, la madre de la chica puso a Camila sobre su regazo y empezó a azotarle las nalgas con la mano, de forma rápida pero metódica, cubriendo cada centímetro de su joven trasero y cayendo muchas veces encima de las marcas de la pelas anteriores haciéndola ver  los resultados de las malas decisiones que había tomado ese día.

Al levantarse, Camila simplemente se quedó allí llorando y esperando contra toda probabilidad que la siguiente fuera la última paliza del día

Entonces un hombre con una chica pelirroja, se acercó a su tío - ¿Le importaría intercambiar?, le dijo. Su tío miró al chica de arriba a abajo y se sonrío considerando la suerte que era haber encontrado tan pronto a la última chica de la condición que él había puesto.

- por supuesto-, respondió su tío - qué trajo? - el hombre le mostró un cinturón y él a su vez le mostró la correa con agujeros.

 Quien la puso en falda de castigo?- preguntó el hombre

- Mi tío

- Porque?

-Por robarme el auto para irme de fiesta

El hombre entonces la tomo del brazo y le asestó algunas nalgadas plass plass plasss

- Esta loca? sabe lo que pudo pasarle? plass plass plasss

- Ella se retorcía en su agarre y solo podía  decir SSSSIIIII SEÑOOORRRR

El hombre la llevó hasta una silla y la hizo reclinarse sobre la misma

- Más vale que no se levante entendido?

- s..si señor - dijo la Camila

Él levanto el cinturón y comenzó a descargarle un azote tras otro y tras otro con fuerza mientras veía como el cinturón se le marcaba en las nalgas, dejando marcas blancas, en lugar de rojas, mientras Camila pataleaba y se esforzaba por mantenerse inclinada en la silla gritando por los correazos.

Cuando le permitió levantarse ella lazó las manos a sus nalgas y en el último momento se arrepintió de tocarlas apretó los puños a los lados y sólo pateó el suele con fuerza con una pierna a la vez. 

Él la miró sorprendido y fue cuando Su tío se acercó y le dijo: -tiene prohibido sobarse so pena de perder la ropa el resto del día.

El hombre le dio las gracias y se fue con su hija mientras s mama llegaba con un chico en short de castigo.

El tío de Camila entonces, decidió que era hora de irse la tomó del brazo y comenzó a llevarla hacia el auto. En esta ocasión decidió no continuar con la marcha de la vergüenza, para darle un respiro, cosa que ella agradeció muchísimo sin embargo al llegar al auto cayó en cuenta de algo.

- Apoye las manos contra el auto - le dijo.

ella temblorosa obedeció y a continuación sintió una oleada de fuego cuando un correazos se estampó en su maltrecho trasero. Brincó de la posición, y sin poder evitarlo mandó sus manos a sobarse la cola, el dolor fue tan intenso y sorpresivo que la reacción sucedió antes de poder controlarla.

Al percatarse de lo que había hecho, puso de inmediato las manos en su cabeza, pero ya era tarde. de un sólo tirón su tío le retiró la falda, dejándola desnuda de la cintura para abajo.

- Suba al auto, - fue su siguiente orden

Aunque el dolor de sentarse fue muy intenso, Camila tenía sentimientos encontrados. Por un lado esta aliviada de no haber tenido que pasar el día desnuda. Por otro lado avergonzada de estar con su zona privada al descubierto, y además agradecida de que su tío hubiera cumplido su deseo liberándola de cualquier clase de curiosidad.

Al legar a casa, su tío sólo la dejó bajar del auto cuando estaban dentro de la cochera, de manera que no tuvo que exponerse más.

- Siento mucho por lo que pasaste, pero eso era lo que habías pedido-

-Lo sé tío- Dijo ella, ahora sé que se siente y nunca más voy a volver a pasar por eso

a continuación se lanzó al cuello de su tío y le dió un enorme abrazo y un beso en la mejilla.

- Será mejor que descanses un poco antes de que regresen tus papás - le dijo, pensando como iba a explicarles que ella no podría sentarse en varios días.

Camila cayó dormida en cuanto tocó la almohada. varias horas más tarde al llegar sus padre le pidieron que bajara a la sala.

Al llegar a la sala, ella tuvo buen cuidado de permanecer de pié y no sentarse para que no se notara demasiado lo que había sucedido.

- Camila - empezó su papá, tu mamá y yo hemos estado pensando

-Y hemos decidido que ya que vamos a quedarnos a vivir aquí hay algunas cosas que debes aprender - continuó su mamá.

En ese momento su mamá sacó un paquete y colocó el contenido sobre la mesa. eran seis faldas de diferentes colores, completamente nuevas.